Another stage in my human evolution.

A otras mujeres les gusta ponerse poca ropa para que les vean el cuerpo, a mí me gusta publicar textos para que me vean el cerebro.

viernes, julio 03, 2009

La despedida del caballero

Poco a poco me decepciono, más y más, con cada palabra, con cada contacto, con cada sonrisa, la ilusión se desvanece, ya nunca más es la misma, los colores se deterioran, los vacíos se llenan de pesadas certezas que a su vez se convierten en las bases de nuevos sueños.
Ahí estás tú, patético, perdido, cobarde, pensando mil modos de evadir la oportunidad de amar y yo te veo partir, te hago las maletas y te despido porque prefiero a un compañero de viaje temporal pero valiente, decidido y realmente interesado antes que a un reluciente caballero que teme quitarse la armadura, que se siente aterrorizado frente al solo hecho de bajarse de su radiante caballo blanco.
Me iré entonces con algún vagabundo, más interesante, quizá menos guapo pero en todo caso más interesado en estar conmigo, más interesado en vivir que en ver a las experiencias pasar mientras está al lado del camino.

domingo, junio 28, 2009

Cada tanto nacen seres especiales que sufren la cotidianidad como un dolor frío e ineludible,
Se levanta diariamente y van a trabajar con cuerpo de hierro,
Cada uno de sus movimientos es brusco y vacío,
Sus almas leves respiran con esfuerzo el aire envenenado copiado con imperfección del día anterior.

Esos personajes que se marean de tanto respirar, aquellos que ven la vida transcurrir a su velocidad real existen con dificultad, piensan con sufrimiento y se horrorizan fácilmente.
Experimentan pesar, lástima y desespero mientras los otros tardan años en aprender lo que a ellos les es revelado en segundos.

Usando tus zapatos

Creo que sólo 2 veces en la vida, al menos que yo recuerde, he sentido extrañeza del modo en que tú lo has experimentado recientemente.

En 2 de las muchas ocasiones que he caminado por el mundo, como niña confiada, me sorprendo de forma inusual al enterarme de que mis acciones irreflexivas habían dado inicio a fantasías ajenas profundas, tuve dificultades para comprender cómo actos propios, que creía faltos de significados trascendentes, eran capaces de causar ilusiones elaboradas… pero la capacidad de soñar fue más fuerte que la realidad, al menos en un caso, por lo que el mundo etéreo no resistió el contacto con esta y por ello prefirió alejarse.

Ahora comienzo a entender que parece ser mi turno de sonar con historias, posibles o no, en las que los dos somos protagonistas.

Imagino relatos urbanos y otros no tanto en donde nos alegramos la vida, me dejo llevar por conversaciones a distancia que duran hasta la madrugada porque cuando se tiene el alma desnuda da algo más que pereza volver a acorazarla.

No soy yo la única que saca uno a uno secretos incontables para extender la presencia ajena, también eres tú quien me lleva a vergonzosos barrios sonoros, que luego yo visito por mi cuenta con el rostro adornado de carcajadas.

Antes no pediste que me detuviera cuando dejé que me atrapara la inspiración, cuando pensar en ti me hizo flotar hasta alturas inmensas a las que tanto temía por el peligro de la posible caída y tal vez sentiste mi miedo, fue entonces cuando con torpeza me llamaste para que volviera a la tierra.

Mi labor en el espacio y momento presentes es rebotar entre el suelo y el aire, siguiendo el ritmo de tus itinerarios vacilantes.

Diva Wannabe

Una mujer de cabello muy rizado y flotante corría por la estación, apenas dando tiempo de ver que era castaña y no pelirroja. Llevaba puestas unas botas largas de cuero negro, una minifalda ajustada y unas medias largas, negras también.
Su frente iba alta y sus audífonos dejaban oír a los que pasaban por su lado sonidos característicos de música electrónica, de esa misma que se usa en las pasarelas de moda.

Como ella hay muchas que se visten del modo en que indican los diseñadores, otras más incluso se peinan como proponen los estilistas capilares y poco a poco se van convenciendo así se van convenciendo de que merecen los mismos privilegios que reciben las divas. En ocasiones, cada vez más frecuentes, exigen ser tratadas de ese modo.

Uno de los escenarios donde se encontrará a uno de estos especímenes es el pasillo de cualquier oficina, mientras responde alguna llamada, durante ella aceptará completar una función específica que hace parte de su trabajo, más tarde esperará a que su asistente imaginario – para el caso sirve un cliente o su superior – se la recuerde, se la repita, se la explique porque sólo así será capaz de completarla.

Días más tarde cuando se encuentre con el autor de la petición, sin intento de sonrojo y con aires de realeza, preguntará por qué no se le ha recordado lo que se le pidió que hiciera depositando así la responsabilidad de su falta en el creador de la solicitud.

Otro de los ambientes donde puede observarse a las de esta especie es el restaurante donde se vende almuerzo ejecutivo. No debe uno dejarse confundir por las vestimentas, la diva wannabe tiene una amplia capacidad de mimetizaje, fácilmente puede verse como una gerente media o como una estrella de pop, copiando superficialmente hasta el más pequeño de los detalles. En este lugar estará rodeada de sujetos tan desabridos y tan condimentados como ella, en modalidades lo suficientemente similares como para no chillar: zapatos, bolsos, morrales, maquillaje parecidos y sus conversaciones se dejarán oír desde casi cualquier punto del salón cuando sean mantenidas a través de un teléfono celular, pero cuando hablen con una persona a su lado exhibirán falso recato y sólo subirán el tono cuando quieran exagerar su escasa esencia con estruendosas carcajadas.

Saber de qué habla una diva wannabe cuando está reunida con su elenco no es difícil en demasía, es sólo un ejercicio de imaginación en el que uno se deshace de principios, como la responsabilidad, la lógica y el control emocional, especialmente de la empatía para que el proceso de visualización fluya sin tropiezos.

Una vez sentado en la silla de ella, el imaginador sentirá que lo más importante es cumplir los deseos propios, las necesidades de los demás son caprichos sin sentido y su función única es absorber recursos limitados que tienen que ser usados para lograr felicidad.

El imaginador concienzudo debe soltarse durante este ejercicio, entre más olvide los propios valores mejores resultados logrará al intentar penetrar y descifrar la mente de la diva wannabe, sin embargo es saludable limitar tanto la frecuencia como la duración de esta actividad para evitar correr el riesgo de adoptar permanentemente las posturas y vicios del personaje representado.

El éxito del análisis estará dado por el aumento en la velocidad de detección de individuos pertenecientes a la especie acá descrita, así como por la creciente facilidad en el alejamiento de estos cuando los niveles de paciencia y tolerancia desciendan a límites peligrosos e incompatibles con formas de vida no inteligente.
At this time it is not a choice for me to wait for you or not, I am waiting and that’s out of my control.

I’ll be waiting until my heart decide it, right now I’m only a witness of this process.


A los hombres escasos

Quería que la convenciera de lo contrario, casi lo necesitaba para seguir adelante, para seguir creyendo que existían hombres valiosos, para estar segura de que él sí era uno de ellos pero que simplemente no uno de los que la encontraba lo suficientemente encantadora como para desarmarse frente a ella.

En realidad necesitaba de su valentía para armarse de coraje ella misma, para poder continuar a pesar de todo en un camino sin promesas, en una tierra carente de señales claras que la guiaran hacia el destino deseado.

Estaba dispuesta a aceptar que no fuera él, incluso a que se comprometiera con otra siempre y cuando fuera una igual, una mujer como ella pensante y orgullosa, pero que la quisiera y no luchara, que prefiriera refugiarse en su planeta seguro sin siquiera intentar combatir su miedo la decepcionaba, la hería gravemente, al punto que necesitaría una larga sanación antes de recuperar el aliento, antes de volver a emprender la labor de minería necesaria para toparse de nuevo con un hombre como él.

El desenlace estaba en sus manos.

lunes, junio 22, 2009

Los hombres NO son todos iguales

Aquella fórmula absoluta que usan muchas mujeres para meter a todos los hombres en la misma bolsa sólo busca justificar la propia ineptitud al elegir a los personajes con los cuales se involucran emocionalmente, busca explicar, mejor, disculpar la manía de escoger a aquellos sujetos necesitados de rehabilitación sentimental completa antes de convertirse en seres interesantes y valiosos.

Hombres hay de todos los tipos y de todas las clases. Unos más que otros, al igual que las mujeres, parecen desperdiciar el oxígeno que usan para respirar y más aún el que requieren para hablar, pueden inundar las conversaciones con lugares comunes, repiten automáticamente frases desabridas con el supuesto objetivo de elogiar; unos distintos, creyéndose más sofisticados promueven la liberación femenina mal entendida argumentando que el supuesto enamoramiento que sufren las mujeres tras compartir la cama con alguien no es más que un error de programación genética de fácil solución, proponen ellos, los iluminados que tienen una solución para todo: las mujeres deben tener amantes con mayor frecuencia, el hombre es un animal de costumbres y por ende la mujer, también porque perteneces a la misma especie, estos ‘solucionadores’ afirman que siguiendo este plan de acción paulatinamente crecerá la cantidad de mujeres capaz de exhibir con orgullo la medalla al mérito que se entrega a aquellos que nunca se han enamorado.

Existen también los hombres brillantes para los números, para las ecuaciones y los cálculos pero torpes en extremo para leer las emociones ajenas a pesar de que se use un arsenal didáctico digno de un salón de preescolar. No vale el esfuerzo de decirles “te quiero porque sí, porque el contenido que conozco de tu cerebro me excita” pues necesitan un protocolo de procedimientos para analizar tal declaración, misma que luego pasará a ser desmenuzada para, en una etapa posterior, dar una respuesta acorde con el procesamiento.

Y sí, los hombres pueden ser básicos, intrincados, falsos, inseguros, brillantes para unas materias al tiempo que son profundamente tontos para otras, por eso una norma propia es desconfiar de aquellas mujeres que generalizan a la ligera sin siquiera ponerse coloradas.

Me inclino por los hombres de hermosos cerebros, por esos que admiran la inteligencia femenina aunque la temen a menudo, mas se que eso no lo reconocerán. Estoy al tanto de que no son tierras fáciles las que deseo transitar pero de todos modos estoy dispuesta a medirme con tal empresa, quiero intercambiar independencia por interdependencia, en el caso que encuentre a un hombre lo suficientemente listo y valiente como para querer negociar conmigo.

viernes, junio 19, 2009

Carta al tonto hermoso

Hombre tonto (aunque no lo parecías) me preguntas ¿cómo puedo sentir tanto si sólo te conozco un poquito?

Déjame iluminarte, las mujeres vivimos en el planeta de los sentimientos, de las emociones, de los sentires, estamos acostumbradas a interpretar los latidos del corazón y los ritmos de la respiración, en cambio ustedes…

Los hombres se hacen felices entre asuntos mundanos, mentales, materiales, duros, pesados y por eso cuando llega una de nosotras a hacerle temblar el piso miran para otro lado, buscan a la modelo, buscan a la vecina linda, arregladita, a la que no piensa, la que elige a la perfección la marca de tintura que debe usar para hacerse iluminaciones en el pelo, a esa que se entretiene con plata porque la plata compra helados, compra hamburguesas, idas a cine, rumba y un enorme etcétera de características parecidas.

Las mujeres inteligentes, las valientes, las que dudamos poco y sentimos mucho, aún a pesar de las posibles consecuencias, somos capaces de darlo todo: nuestros corazones, nuestras almas, nuestro sexo y lo demás con tal de sentirnos vivas, auténticas, lo hacemos así para recordar frecuentemente que esa es la vida, que caminar sin sentir no es vivir, que andar sin arriesgar es cualquier cosa menos existir con plenitud.

Y perdemos…

Perdemos muy a menudo porque sentimos que son pocos los hombres interesantes que quedan, si es que alguna vez los hubo. Quiero creer que así fue.

Perdemos, ofendemos, arriesgamos cada vez que nos atrevemos a abrir la boca para decir lo que pensamos porque sabemos que somos más que culo y tetas, nos ponemos en peligro incluso entre mujeres porque otras no quieren ser sacadas de su letargo y cada vez que hablamos, cada vez que decimos algo medianamente pensado esas zombies conformes sienten que las ofendemos, que las regañamos cuando nunca tuvimos ese objeto en nuestra lista de tareas pendientes. Pero así son las bellas durmientes,
Las bellas durmientes quieren vivir eternamente entre sueños, desean que todo sea rosadito y con olor a flores frescas, niegan la basura del mundo, lo caótico, lo sucio, lo vomitivo, quizás hasta miran para otro lado cada vez que van al baño porque nada tan impuro es digno de sus cuerpos… no sé.

No sé ser tonta, linda, bonita arregladita, manipuladora, coqueta ambigua y mucho menos sé cómo pasar por bruta, tampoco me interesa aprender. Poco a poco he aprendido a convivir con estos millones de neuronas que me llenan el cerebro y que me hacen pensar constantemente, incluso soy feliz siendo una mujer pensante, aunque muchos piensan que eso es una contradicción.

Lo siento hombre tonto, tampoco sé cómo ser concisa, sólo puedo decirle que me enamoro de la inteligencia, de la cabeza, de los pensamientos, que prefiero coleccionar cerebros hermosos antes que cuerpos hechos en gimnasios y consultorios de cirujanos, que si un hombre sale lindo por dentro y además lindo por fuera lo considero una gloriosa coincidencia.

Me encantaría dejar de ser una loba esteparia, no porque tenga algo contra las lobas sino porque es más divertido arruncharse en compañía sobretodo en domingo, además porque en el fondo de esta mujer, en apariencia tan liberada, hay una princesita dispuesta a dejarse mantener para dedicarse a esto que tanto la hace feliz: escribir, entre otras cosas cartas de amor y manifiestos izquierdosos para hombres como usted, hermosos pero tontos.

domingo, junio 14, 2009

Oscuras nos vemos mejor

Algunas mujeres nos hemos acostumbrado a ser sombras tristes, fantasmas que buscan su lugar, almas en pena que aúllan como lobas por los rincones.
Un día nos cansamos de los grises, de las tinieblas y decidimos florecer, nos quitamos los negros ropajes, los disfraces y las máscaras oscuras.
Salimos a la calle con las mejillas rosadas, con los labios colorados y vestidas de luz.
Caminamos por nuevos senderos, por calles iluminadas en claras noches, llevando esplendor y alegría.
Encontramos gente, seres que se dicen humanos que nos observan con extrañeza.
Sentimos cómo nos juzgan, cómo nos critican sus miradas.
Reconocemos en otros el pasado, nuestro pasado.
Observamos sus oscuras vestimentas y sabemos que ya nunca más volveremos a ser como cuando nos veían mejor.

sábado, junio 13, 2009

Hombres sin miedo

Sólo algunos hombres tienen el valor suficiente para conquistar tierras desconocidas, explorarlas y hundirse en sus abismos sin esperar nada, pero por sobre todas las cosas sin miedo, sin miedo a lo desconocido, sin miedo a los misterios, sin miedo a perder su poder o su hombría; las tierras a las que esos hombres van se llaman mujeres.

Estoy convencida de que la vida es un viaje constante, una búsqueda eterna de significados, de certezas eludibles, justo por eso no me sorprendo al encontrar cómo se repiten los pensamientos, las dudas y las posibles respuestas entre las letras que he escrito en el pasado.

Línea a línea encuentro paisajes conocidos, caminos ya recorridos con otros pasos pero que me han llevado a nuevos lugares, a nuevos estados mentales, mostrándome que el tiempo no ha pasado en vano.

Cada tanto la vida me pone al frente a hombres más interesantes y menos incompletos que los que plagan las calles de las grandes ciudades, se atraviesan en los paseos caprichosos que doy casi a diario, entran en el reparto de la película que también protagonizo y se niegan a salir, a veces porque no los dejo.

No sé bien cómo llegan, ni de dónde vienen y sólo intuyo el modo en que se hacen a sí mismos, la manera en que maduran sin echarse a perder, el procedimiento por el cual se hacen piedras preciosas en un valle de guijarros, sólo soy testigo de que parezco tener un detector de joyas para encontrarlos, cuando tengo suerte, uno cada año.

En contadas ocasiones, realmente en pocas, me estrello con una presencia que me hace sentir ínfima, minúscula, inacabada, como realmente soy, porque aparece un ser tan maduro, tan exquisito que me recuerda firmemente todo lo que aún me falta por experimentar. Rara vez ocurre, pero ocurre.

viernes, junio 12, 2009

Desnudarse en público

Desde hace años he sentido pena ajena cada vez que asisto a una obra de teatro. Una vez empieza la obra me imagino automáticamente que soy yo la que está en el escenario gesticulando exageradamente, moviéndome sin gracia y pasando la vergüenza de la vida. Realmente no entiendo cómo eligen los actores dedicarse a ese oficio que para mí sólo parece una tortura pública y sin sentido.

Paradójicamente no le temo a hablar en público, es más, me gusta, me parece magnífico poder hablar de lo que sé, transmitir el conocimiento de algún tema a un auditorio o simplemente mostrar cómo sustento, con argumentos, alguna opinión que tengo de un asunto de la vida pero reconozco que cuando debo leer mis textos delante de gente, esos que registran cada una de las fibras que me hacen quien soy, temo.

De forma un poco suicida, autolesiva y masoquista decidí aceptar la invitación que me hicieron para estar en un taller de lectura dramática de textos, supongo que servirá para matar algunas cucarachas emocionales que todavía patalean y además me ayudará a reafirmar una idea que recorre las circunvoluciones de mi cerebro cada tanto:

La intimidad depende más de la pérdida del temor a revelarle al otro la propia debilidad, el propio miedo, que de la presencia o ausencia de ropa.

Así que a partir de mañana estaré quitándome la ropa en el teatro Cádiz, a ver qué sale de esa experiencia.